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Los retos de las mujeres migrantes bolivianas

La subcontratación de las mujeres inmigrantes, la explotación laboral y un mercado de trabajo que da prioridad al género masculino, son algunos de los problemas que enfrentan las mujeres bolivianas que emigran a España en su busca de mejores oportunidades y calidad de vida.

El mercado laboral que encuentran estas mujeres está conformado por trabajos que han abandonado las mujeres españolas porque no les interesan por ser mal pagos y por tener condiciones laborales que no están reguladas. Además, la crisis económica y las políticas de exclusión que predominan en la Unión Europea en la actualidad agravan la discriminación que padecen las mujeres migrantes.

Estos son algunos relatos que sirven para que reflexionemos sobre las dificultades que pasan las mujeres en su condición de migrantes:

María Gabriela González: “Aquí no hay especialización”

Yo ahora estoy en paro forzoso. Trabajé durante dos años en un hostal pero me echaron sin pagarme el finiquito. Ahora estoy en juicio, porque trabajaba muchas horas, prácticamente los siete días de la semana por 750 euros. Hacía todo: la limpieza, la entrada y salida de los huéspedes, y la contabilidad. Cubría por lo menos tres puestos de trabajo. Pero aquí las condiciones laborales no son buenas. No hay especialización. Nosotras tenemos que hacer de todo. Yo veo que hay mucha explotación”.

Nilda Martínez: “No tengo opción a un trabajo calificado”

Yo vine con ciudadanía gracias a mi marido, que es hijo de catalán. Nosotros éramos empresarios y nos iba bien en Bolivia, pero nos vimos obligados a irnos del país. Aquí por la edad que tengo no encuentro trabajo, soy profesora de francés, pero por el hecho de ser boliviana no creen en mi capacidad. Ahora he hecho un reciclaje con distintos cursos y quiero hacerme autónoma, de otra forma no creo que tenga opción a un trabajo calificado”.

La historia de Gabriela

Yo estudié una carrera y la terminé. Después trabajé como secretaria durante mucho tiempo. Despues estuve mucho tiempo desempleada y fue imposible encontrar empleo en mi ciudad de origen. Fue entonces que me invadió la idea de migrar a otro país, aún cuando me aterrorizaba no saber cómo me iba a ir.

Llegué a Madrid hace cuatro años y he trabajado en varias casas, donde me he dado cuenta que el ser madre, hija y hermana al mismo tiempo no son cosas compatibles. He visto a amigas llorar todos los días porque sus hijos les reclaman que se hayan ido o porque andan en malos pasos en Bolivia, pero como ellas están lejos no pueden hacer nada. No es lo mismo dar consejos que estar presente con tu familia. Nosotras tenemos que tener mucha fortaleza para poder afrontar el hecho de que no estamos con allá.

Si una mujer tiene papeles todo es diferente. Los jefes te tratan bien y además tienes acceso a los servicios médico, a los derechos legales y puedes estudiar. Yo creo que nosotras migramos con la idea de superarnos, tener algún título, ó al menos poder ahorrar para hacernos de un hogar, de algún negocio, ó para poder regresar con nuestras familias con algunos ahorros.

Pero es muy difícil. En todo este tiempo que llevo aquí he visto muchas injusticias y pienso que no nos la deberíamos de callar pero siempre tenemos el miedo a que la policía nos atrape en cualquier momento o que alguien nos pida los papeles, que es como una misión imposible poder legalizarlos por tanto gasto de energía, tiempo y dinero. Y aún cuando uno cumpla con todos los requisitos, muchas veces acaban negándonos los papeles y hay que volver a solicitarlos, lo que resulta en un trabajo verdaderamente agotador y frustrante, hasta el punto en que nos hace sentir  derrotadas. Pero como somos mujeres fuertes, seguimos adelante para luchar por nosotras y por nuestras familias”.

Juana

(Relato extraído del “Informe Global sobre la situación de las trabajadoras domésticas migrantes de Bolivia, Perú, Ecuador y Colombia y los flujos migratorios hacia la UE, especialmente España”. Oxfam – Humanas – Fundación Esperanza)

Todos los que migramos de nuestro país somos unos jóvenes con el sueño de poder ayudarle a nuestras familias y salir adelante… Mi sueño era hacer mi carrera, poder comprarme una casita e independizarme. No eran cosas inalcanzables, era lo realista, lo normal. Yo quería irme a trabajar para conseguir mi independencia económica. Ahora soy una mujer independiente y tengo la responsabilidad de cuidar a mis dos hijas pero aún no he podido cumplir el sueño de tener mi casa propia. Sin embargo todavía no estoy derrotada, tengo mis dos manos para trabajar y no me cierro las puertas  pero es que aquí sólo trabajamos para sobrevivir y es totalmente difícil poder ahorrar“.

Anónimo

“Cuando llegué a España pensé que al ser un país de gente moderna y con educación, deberían tratar a las personas de buen modo y que encontraría otro tipo de vida, pero cuando llegué fue una sorpresa, aunque tengamos el mismo idioma, las costumbres y todo en general es muy diferentes… He trabajado en el servicio doméstico desde hace tres años porque no tengo otra opción de empleo por no tener papeles, y además porque en este país hay mucha gente española que está sin trabajo y, como es de esperarse, se le da prioridad de trabajo a la gente española.

A mí me pagan 600 euros por cuidar a una persona mayor toda la tarde y toda la noche, es decir, una jornada completa. Sólo un mes en estos tres años he tenido vacaciones, pero por lo mismo de que no tengo papeles, no puedo decir nada. La gente se aprovecha.

Migrar no fue una buena decisión porque tuve que dejar encargada a mi hija en Bolivia. No la podía traer, es muy complicado conseguir trabajo teniendo una hija de por medio.

Cuando estás trabajando aquí te das cuenta de que el dinero que ganas es para sobrevivir por ser un sueldo mínimo. No te da para hacer cosas. España te acoge pero no es tu tierra. En algunos años me veo regresando a Bolivia para hacer las cosas que me gustan hacer porque mi meta no es trabajar siempre como empleada doméstica. Quiero estudiar y volver a estar con mi familia”.

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