Loading images...

Honduras: Sorteando al ‘coyote’

 

En Belén Gualcho, departamento de Ocotepeque, Honduras, cientos de agricultores venden sus productos a través de Aproalce, una empresa de la cual son socios y que funciona como intermediario social o cooperativa. Oxfam ha apoyado esta iniciativa, buscando mejorar el acceso de pequeños productores/as a los mercados. De esta forma, Aproalce compra la producción de sus asociados y de otros productores de la zona y la coloca en grandes supermercados como El Colonial, ubicado en San Pedro de Sula, así como en otros puntos de venta de las principales ciudades hondureñas.

El Paraíso es uno de los puntos de encuentro donde, todos los sábados desde muy temprano, se congregan productores de pueblos cercanos como El Cipresal y Cerro Grande para vender sus baldes repletos de moras a Aproalce. Y aunque esta zona está aún muy lejos de ser un paraíso agrario –para los productores, entre otras cosas, hace falta mayor inversión en caminos y herramientas más eficaces para enfrentar el cambio climático—, se le asemeja un poco, especialmente si se compara lo que reciben hoy por sus productos, con lo que recibían hace apenas unos años.

Angélica Martínez, productora de la zona, recibe hoy de 7 a 8 lempiras por una libra de moras; dos años atrás recibía dos. “El cambio se nota en nuestro día a día. Sentimos que estamos mejorando, pero necesitamos más apoyo e inversión para mejorar nuestra capacidad productiva, responder a diferentes eventos climáticos y aprovechar las oportunidades que aparezcan”, dice.

En La Mohaga, también en Belén Gualcho, Honduras, un grupo de productores planifica la siembra y conversa sobre los mercados. Justamente una de las iniciativas que se busca promover es una siembra escalonada, que permita contar con varios productos en el año en lugar de depender solo de uno o dos. “Hoy trabajamos de manera planificada, con un plan de siembra. Conocemos un poco más el mercado y sembramos de manera coordinada para responder a nuestra alimentación, pero también para vender. No le damos espacio al coyote”, dice Adrián, un productor de la zona.

Entre los productores centroamericanos, el ‘coyote’ es tal vez el actor menos querido de toda la cadena productiva, que va desde el campo al consumidor. Se traslada hasta las mismas fincas o parcelas a comprar los productos, fijando el precio a pagar, asfixiando  en muchos casos al productor/a con sus bajos precios y fortaleciendo el círculo de pobreza en el cual vive la mayor parte de campesinos y campesinas en Centroamérica.

En este contexto, Andrés Bernal, de Oxfam, señala que con el proyecto se busca crear un movimiento de diferentes actores, enfocado en lograr cambios estratégicos en el desarrollo de medios de vida rurales sostenibles y en la reducción de la pobreza. Para esto se trabaja fortaleciendo el poder de los pequeños/as productores/as rurales, especialmente de las mujeres, en los sistemas de abastecimiento de alimentos del campo a la ciudad.

“Se ha trabajado con organizaciones campesinas y se ha construido un referente que muestra que con políticas públicas adecuadas y con relaciones comerciales más justas, la economía campesina es viable y es un motor para reducir la pobreza y la desigualdad, al tiempo que favorece el acceso de alimentos de calidad y a mejores precios para los consumidores urbanos”, señala Bernal.

En el vecino país de El Salvador, José Aníbal Mejía, el presidente del Concejo de Administración de la Asociación Cooperativa Izcanal, en Boca Poza, habla también de su experiencia de vender directamente a los consumidores. Es clara la mejora económica en los precios que venden. Por ejemplo, si antes recibían US$ 5 por 100 unidades de pipián, hoy los venden en las ferias y mercados campesinos a US$12; en el caso del limón, han pasado de vender 100 unidades de US$ 4, a US$ 8.

Pero para Mejía el valor de conectarse directamente con los mercados va más allá del precio. Él habla de autoestima. “Éramos muy buenos productores, pero no buenos vendedores. No teníamos capacidad de negociación, nuestra autoestima estaba en el piso y hasta sentíamos que producir no era algo bueno. Ahora vendemos en las ferias nuestro ayote, nuestro pipián. Nos pagan más del doble y nos queda para reinvertir en la parcela”, dice.

Si bien el problema de la pequeña agricultura no se resuelve únicamente con mejores precios, el acceso a los mercados es un tema clave. Un tema en el cual no se puede avanzar sin el compromiso de las autoridades a diferentes niveles (centrales, regionales y locales). Óscar Ortiz, alcalde municipal de Santa Tecla, localidad salvadoreña ubicada en el departamento de La Libertad, una zona fuertemente impactada por el terremoto que golpeó el país en 2001, viene impulsando desde su municipio la participación de productores en mercados móviles y ferias.

Ortiz señala que en el pasado, la zona producía básicamente café y maíz. Hoy se busca diversificar cultivos y fomentar ciclos productivos que aprovechen todo el año. “El campesino salvadoreño se quedó solo por muchos años, pues hubo un abandono estructural del campo. Con la participación en mercados y ferias se busca que produzcan los 12 meses del año y se conecten directamente con los consumidores”, dice.

Aunque estas experiencias están lejos de ser la regla y no representan tampoco la solución que requiere el complejo problema de la agricultura a pequeña escala en la región, es innegable que se trata de ejemplos interesantes que requieren de un impulso político mayor para dejar de ser excepciones.

Escribe: Cecilia Niezen, Responsable de medios de la campaña Crece de Oxfam para América Latina

(Este artículo forma parte de un conjunto de historias sobre la situación de la agricultura familiar y campesina en Centroamérica)

Ver: El Salvador: Tierra y Alimentos http://goo.gl/jg83nA

Ver: Guatemala: La lucha por la tierra http://goo.gl/ivXxNv

 

 

 

  1. 1 Trackback(s)

  2. Mar 14, 2014: Viernes 14 de marzo de 2014 | Mirada crítica

Post a Comment