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Seguridad alimentaria: ¿un daño colateral de los altos y volátiles precios de los alimentos hoy?

Ida en Trinidad – Bolivia cosecha su maiz

En los últimos meses, han salido en los titulares de todos los periódicos escándalos alimentarios como la carne de caballo que se hizo pasar como carne de vacuno o como se utilizaba rata disfrazada de cordero en China. Y estos casos son probablemente la punta del iceberg.

La actual volatilidad y los elevados precios de los alimentos comportan que aumente la preocupación acerca de la seguridad alimentaria. Cada día más gente se ve obligada a comprar alimentos más baratos y de inferior calidad para llegar a fin de mes. En Bangladesh, por ejemplo, la gente que vive tanto en zonas rurales como urbanas ha empezado a cultivar sus propias verduras porque les preocupa que las hortalizas más baratas de compra estén repletas de pesticidas.

La preocupación sobre la seguridad alimentaria es solo uno de los temas destacados en el nuevo informe publicado hoy por Oxfam y el Instituto de Estudios para el Desarrollo (IDS en inglés). El informe, que se titula “Al límite”, analiza las consecuencias de cinco años consecutivos de elevados y volátiles precios de los alimentos en 23 comunidades rurales y urbanas de 10 países de todos el mundo. Iremos actualizando la investigación durante los próximos cuatro años mediante visitas anuales a las comunidades donde podremos comprobar cómo ajustan sus presupuestos.

Al Límite” analiza no solo qué comemos sino también la forma en que el incremento de los precios está cambiando el comportamiento, las relaciones y la organización social de las comunidades.

Por ejemplo, la imposibilidad de muchos hombres para cumplir con el papel tradicional de ser quien proporciona sustento al hogar provoca un aumento de los casos de violencia doméstica y del abuso de alcohol y drogas.

También se ha visto un deterioro de la vida comunitaria ante el aplazamiento de eventos sociales significativos como, por ejemplo, las bodas, con el fin de ahorrar dinero. Otras personas se ven obligadas a irse de casa para buscar trabajo en las ciudades o en el extranjero. Vemos a personas que se ven obligadas a abandonar la agricultura para dedicarse a profesiones mejor pagadas pero más peligrosas, como la minería. Y también nos encontramos con que cada vez más mujeres están entrando en el mercado laboral y sus abuelos o hijas mayores se ven obligadas a cuidar de los niños.

Este primer informe  es una radiografía de un problema que va más allá de la mesa del comedor. A medida que nuestros investigadores sigan a las comunidades durante los próximos cuatro años, podremos ir construyendo una mejor imagen sobre qué representa para las personas y para la sociedad esta nueva era de los aumentos y la volatilidad de los precios.

Pero hay respuestas que ya se pueden tener en cuenta, sobre todo si los responsables políticos empiezan a ver la situación general. Los gobiernos necesitan empezar a abordar los aumentos y la volatilidad de los precios para gestionar mejor nuestras existencias de alimentos y regular mejor los mercados de cereales. Y los gobiernos y los donantes necesitan empezar a invertir de forma más inteligente en la pequeña agricultura y en las redes de protección social para ayudar a las personas más pobres y vulnerables.

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