Agricultura de vanguardia (y III)
Las mujeres del campo
En el Perú, alrededor de 2.8 millones de mujeres, casi el 20% de la población femenina, vive en zonas rurales y se dedica a la actividad agraria, tanto al cuidado de cultivos como a la crianza de animales. Según la FAO, el 52% de las mujeres rurales son consideradas trabajadoras familiares no remuneradas, sin embargo, puntualiza que es probable que la cifra sea mayor porque existe “un subregistro del trabajo agropecuario de las mujeres”. Esto pone de manifiesto la real situación de las mujeres en el campo, quienes muchas veces deben realizar estas actividades, mientras que los sus esposos buscan otras oportunidades de trabajo para completar el sustento diario.
La función de las mujeres cambia en función del área geográfica. En la costa se realizan labores agrícolas destinadas a la exportación, así como la producción de alimentos para el hogar. En la sierra, donde participan en la economía campesina tradicional, es cada vez mayor el número de mujeres que se dedican íntegramente a la actividad agrícola, debido a la emigración masculina en busca de mejores expectativas remunerativas. En la selva, se practica el monocultivo del arroz y el maíz, mientras que las ribereñas y las nativas practican la agricultura tanto de subsistencia como comercial. Lo característico de todas estas actividades es la arbitraria diferencia de género: las mujeres perciben un pago menor que los hombres por realizar el mismo trabajo.
Julia me cuenta que cuando era niña, en los años 60, presencio como su madre fue prácticamente expulsada de las tierras donde había vivido siempre y que eran de sus padres, después de que estos fallecieran. Los hermanos de su padre le dijeron que como ya estaba casada y tenía un lugar donde vivir, debía ceder la tierra donde ella misma había trabajado toda su niñez y adolescencia a los hermanos mayores de su padre que sí podían “poseer” legalmente. Aunque este tipo de arbitrariedades sean cada vez menos frecuentes, debido, antes que a nada, a la aparición de nuevas leyes que velan por la igualdad de los ciudadanos y el respeto por la propiedad privada, en nuestro días las mujeres del campo viven una nueva clase de marginación.
Cuando la familia se descompone porque algunos de sus miembros se van en busca de nuevas oportunidades, son las niñas y sus madres las que tienen que quedarse al cuidado de la tierra y el ganado. A largo plazo esto acarrea una serie de consecuencias en sus vidas. El trabajo de las mujeres, muy importante para el desarrollo de la actividad, se pierde en la cadena de comercialización y casi no reciben remuneración, pues son sus esposos quienes se encargan de realizar los acuerdos comerciales que, como se mencionó anteriormente, tienden a dejar m{argenes de ganancia muy pobres. Las jóvenes, por otro lado, se ven obligadas a continuar trabajando con sus madres y ante la posibilidad de emigrar para seguir estudios superiores, son finalmente los hijos hombres quienes tienen la preferencia.
Afortunadamente para estas familias, el ANPE Perú a la par de buscar el progreso económico de los sectores rurales también apuesta en desarrollar capacidades en las mujeres y sus hijos y lograr la equidad entre hombres y mujeres para la promoción y la sostenibilidad de la agricultura ecológica a nivel local y regional. Para ello trabajan a dos niveles: en las comunidades y organizaciones de primer nivel, donde se incorpora en la propuesta ecológica a la familia campesina y a nivel de las organizaciones de primer nivel se incorpora a mujeres y jóvenes para ocupar los puestos directivos dentro de las Juntas de la Asociación.
La feria ha significado un fuerte punto de inflexión en las vidas de Julia, su hija Yolanda y todas las mujeres que las acompañan cada sábado a ofrecer sus productos a la gente de la ciudad. En los 3 años que Julia lleva asociada ha aumentado considerablemente sus ingresos, su familia no tiene que separarse más, planea mejorar su casa, rehacerla de material noble, y cercar sus terrenos. Yolanda, por su parte, con sólo 14 años tiene planes de estudiar Administración o Agronomía. Está emocionada. Será la primera integrante de su familia en ir a la universidad. Al igual que ellas las otras mujeres creen que sus hijos sí podrán educarse, obtener la preparación que ellas no tuvieron y lograr un futuro con mejores expectativas y oportunidades.
